| Diálogo entre un recién convertido a Cristo y un amigo no creyente: — «¿De modo que te has convertido a Cristo?». «Sí». — «Entonces sabrás mucho sobre él. Dime: ¿en qué país nació?». — «No lo sé». — «¿A qué edad murió?». «Tampoco lo sé». — «¿Sabrás al menos cuántos sermones pronunció?». — «Pues no ... No lo sé». — «La verdad es que sabes muy poco, para ser un hombre que afirma haberse convertido a Cristo...». . — «Tienes toda la razón. Y yo mismo estoy avergonzado de lo poco que sé acerca de El. Pero sí que sé algo: Hace tres años, yo era un borracho.. Estaba cargado de deudas. Mi familia se deshacía en pedazos. Mi mujer y mis hijos temían como un nublado mi vuelta a casa cada noche. Pero ahora he dejado la bebida; no tenemos deudas; nuestro hogar es un hogar feliz; mis hijos esperan ansiosamente mi vuelta a casa cada' noche. Todo esto es lo que ha hecho Cristo por mí. ¡Y esto es lo que sé de Cristo!». Conocer realmente. Es decir, ser transformado por lo que uno conoce. Anthony de Mello | |
Solo aquel que tenga la mente despejada como un cristal recibirá la inspiración de una musa.....
martes, 10 de mayo de 2011
Conocer a Cristo
lunes, 24 de enero de 2011
ACTITUD
Actitud
Una mujer muy sabia se despertó una mañana,
se miró al espejo,
y notó que tenía solamente tres cabellos en su cabeza.
'Hmmm' pensó, 'Creo que hoy me voy a hacer una trenza'.
Así lo hizo y pasó un día maravilloso.
El siguiente día se despertó,
se miró al espejo
Y vio que tenía solamente dos cabellos en su cabeza.
'Hmmm' dijo,
'Creo que hoy me peinaré de raya en medio'
Así lo hizo y pasó un día grandioso.
El siguiente día, cuando despertó,
se miró al espejo y notó
que solamente le quedaba un cabello en su cabeza.
'Bueno' se dijo, 'ahora me haré una cola de caballo.'
Así lo hizo, y tuvo un día muy, muy divertido.
A la mañana siguiente, cuando despertó,
corrió al espejo y enseguida notó
que no le quedaba un solo cabello en la cabeza.
'¡Qué Bien!', exclamó.
'¡Hoy no me tendré que peinar!'
Tu actitud es todo en la vida.
Alégrate cada mañana; dale gracias a Dios por el nuevo día.
Ríete de ti mismo. Acéptate.
Sé bondadoso y amable con los demás.
Sonríeles, porque cada persona que te encuentres tiene sus problemas
y tu sonrisa lo ayudará.
La vida no es esperar a que la tormenta pase,
ni es abrir el paraguas para que todo resbale...
Es aprender a bailar bajo la lluvia.
¡Que cada día de tu vida lo disfrutes al máximo!
¡Dios te bendiga!
lunes, 10 de enero de 2011
ESTOY SUFRIENDO: ¿DE QUIÉN ES LA CULPA?

BUSCAMOS ENCONTRAR LA CAUSA DE NUESTRO PROBLEMA, DE NUESTRO DOLOR, NO PARA ASIGNAR CULPAS, SINO PARA PODER COMPRENDER
¿Te has fijado que el mismo tipo de situación dolorosa ocurre una y otra vez en tu vida?
Las personas pueden ser otras, las circunstancias ligeramente diferentes y el escenario nuevo, pero la dinámica de lo que está sucediendo continúa siendo exactamente la misma.
Una vez más descubres que te han abandonado, maltratado o dejado, y el dolor no disminuye por el simple hecho de que el patrón se haya vuelto familiar.
Utilizamos nuestras penas para cerrar los ojos y dejar de hacer uso de nuestros oídos.
Vemos lo que queremos ver y oímos lo que queremos oír. Lo que vemos y oímos puede tener o no tener que ver en absoluto con la realidad. Cuando nos sentimos agraviados, nos tomamos todo lo que vemos u oímos como un ataque personal a nuestro pequeño reino o reinado. Cuando nuestras mentes se aferran a nuestros agravios, nos tomamos todo de un modo personal, tanto si se trata de una mala mirada o de un comentario descortés. Cualquier desaire minúsculo se convierte en más munición para nuestro arsenal de agravios.
Las personas espiritualmente maduras han aprendido a no tomarse nada de un modo personal. Forman parte de lo que se llama: Escuela de Maestría del “Ah, Eso”.
Hay muchas historias del “Ah, Eso” que se originan en la antigua sabiduría oriental.
He aquí una de ellas...
“Una muchacha joven y sus furiosos padres llegan hasta las puertas de un monasterio exigiendo ver a cierto monje joven.
Cuando se presenta el monje, los padres empujan hacia adelante a su hija evidentemente embarazada y dicen que ella ha confesado que él es el padre del niño.
El monje simplemente responde: “Ah, eso”.
El padre, más indignado aún, dice que cuando nazca el bebé se lo quitará a su hija y se lo dará al monje, el cual será responsable de la educación del niño en el monasterio.
El monje responde: “Ah, eso”.
La familia se marcha y el monje vuelve a sus tareas sin decir una palabra.
Varios meses más tarde, el padre regresa y coloca al bebé recién nacido en los brazos del monje. El joven monje cuida cariñosamente del recién nacido en su diminuta celda.
Transcurrido un tiempo, los padres, su hija y un muchacho llegan a las puertas del monasterio.
Esta vez el padre dice que su hija se sentía angustiada sin su hijo, que había ido a verle y había confesado que no era el monje el padre del niño, sino este muchacho, que había sido su amante. Ella había inventado la historia del monje por temor a la ira de su padre contra el chico. Dicen estar enamorados y que no pueden soportar vivir sin su bebé. ¿Sería el monje tan amable de perdonarles y devolverles al niño? A lo cuál el responde:"Ah. eso", al tiempo que les entrega el bebé.
Mantenerte centrado sin importar lo que esté sucediendo a tu alrededor, no tomarte de una forma personal lo que otra persona dice o hace, es la auténtica libertad emocional.
La próxima vez que estés a punto de tomarte el comentario o el desagravio de alguien de una forma personal, di simplemente: "Ah, eso", y continúa con tu vida.